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martes, 27 de agosto de 2013

Micro Reseña 73: "El misterio de la misión Silverton", J. Negri O'Hara



"El misterio de la misión Silverton", de J. Negri O'Hara (José Negri Haro; Luchadores del Espacio nº194, Editorial Valenciana, 1961. Portada de Ibánez).

"El misterio de la misión Silverton" se abre con la siguiente Introducción que reproduzco aquí:
"Es prerrogativa admitida al novelista apoyarse en hechos reales, creando, empero, personajes y situaciones totalmente imaginarios.
Según puede comprobarse en todas las colecciones de periódicos de la época, en el año 1948 descendió un aparato de características desconocidas en el Estado de Colorado (EE. UU.), a 800 kilómetros de Denver.
Fue enviada una comisión integrada por técnicos especializados para observar los restos del misterioso aparato. Poco después, el profesor y geofísico norteamericano, Silas Brown, declaró en la Universidad de Denver que dentro de la cabina de pilotaje se hallaron dieciséis cadáveres de pequeños seres de una constitución física reducida a la proporción de 80 a 90 centímetros de altura.
El aparato volador estaba construido con un metal ligero y brillante, pero muy resistente. Sometido a una caloría de 10.000 grados no acusó alteración alguna. Posteriormente, el público no ha vuelto a recibir noticias sobre el caso.
La narración que sigue se funda, ligeramente, en este hecho".

Después de mucho rastrear internet, no he encontrado rastro del profesor Silas Brown, aunque parece bastante evidente que Negri O'Hara se refiere al incidente de Roswell de 1947 (al que el astronauta Edgar Mitchell, sexto hombre en pisar la Luna, dio crédito).
Da igual. Esta sí que es forma de empezar una novela de ciencia ficción. ¿O no? (Y antes de meternos en harina, sugiero echar un vistazo a este link: es tan sólo una página, unas pocas líneas escritas en inglés, el 22 de marzo de 1950).

James Kent, arqueólogo norteamericano, llega a El Cairo requerido por su colega el profesor Sabahi, que se encarga de los asuntos relacionados con las excavaciones en suelo egipcio. Resulta que hay un inglés llamado Silverton, conocido aventurero y buscador de tesoros, que anda buscando la tumba de no sé qué sacerdote de la Antigüedad, y Sabahi se teme que ese inglés vaya a hacer lo que suelen hacer los ingleses en su tierra: expoliar lo que encuentre. Y para eso (esto me da un poco de risa, la verdad), recurre al especialista yanqui, del que sí se fía. (Pobre Sabahi...)
Kent, que es un tipo realmente íntegro, entra en la misión Silverton como observador (y todo el mundo se da cuenta muy rápidamente de que está trabajando para el gobierno egipcio), y descubre que, en efecto, hay gato encerrado: el tal Silverton ha encontrado algo, un trasto legendario llamado "El Pájaro de Fuego" que, hasta que se demuestre lo contrario, es una nave voladora que se estrelló en la Tierra en tiempos de los faraones... Y para ello, Silverton se ha traído a un supuesto arqueólogo alemán que, en realidad, es un experto en cohetes con un pasado bastante sospechoso...
Y si ustedes quieren saber si la nave estaba tripulada o no, tendrán que leer esta novela, muy divertida, muy correcta, con sus momentos románticos, sus tiroteos, y un par de escenas de mal rollo absoluto...

Muy bien, el señor Negri O'Hara. Muy correcto. Muy agradable. (Lástima que se deje tantos cabos sueltos al final, porque podría llegar algún pastichero ocioso y escribir una continuación de la historia...)

Mi comparación (cogida por los pelos) entre "Después de la hora final" de Van S. Smith (Pascual Enguídanos Usarch) y "El planeta de los simios" de Pierre Boulle desconcertó a algún que otro amigo, como Alfonso Merelo Solá, que señaló que se parecían tanto "como un huevo y una castaña". Ahora, me atrevo a comparar esta novela escrita en 1961 con "Quatermass and the Pit", tercera entrega de la saga cinematográfica del doctor Bernard Quatermass, fechada en 1967 y basada en un serial televisivo escrito por Nigel Kneale y emitido en la televisión británica entre 1958 y 1959. Estas "comparaciones" son, por supuesto, inexactas por mi parte. Se trata, más que de comparaciones, de simples "impresiones" que me han causado las lecturas de estas novelas, y no me parece inadecuado hacerlas constar.

ÍTEM MÁS:
José Carlos Canalda habla sobre José Negri Haro AQUÍ.

lunes, 26 de agosto de 2013

Micro Reseña 72: "Después de la hora final", Van S. Smith


"Después de la hora final", de Van S. Smith (Pascual Enguídanos Usarch; Luchadores del Espacio, 1ª época, nº171, Editorial Valenciana, 1960; portada de Ibáñez. También, firmado como George H. White, en Luchadores del Espacio 2ª época, nº35, Editorial Valenciana, 1975. Misma ilustración de cubierta que la edición anterior).

Una interesante, entretenida, y en algunos momentos algo agobiante novela del autor de "La Saga de los Aznar", de la época en que cambió el pseudónimo de George H. White por el de Van S. Smith.
En el año 1990 (recordemos que la novela se publicó en 1960), un grupo de personas se someten a un experimento de "congelación" (ahora lo llamaríamos criogenización) con la idea de esquivar el más que probable conflicto bélico nuclear que habrá de desatarse a escala global, y despertar quinientos años en el futuro. Lo que pasa es que se pasan un poquito de rosca... concretamente, dos mil y pico años más de lo previsto.
Lo que se encuentran al despertar es un mundo, a priori, desértico y poblado por reptiles mutantes (serpientes de dos cabezas, lagartijas gigantes, etc.), y también por hombres salvajes como el que el ilustrador Ibáñez retrató en la portada (aunque el texto especifica con mucha claridad que esos tipos peludos, caníbales y muy violentos iban desnudos por completo; nada de taparrabos, pues con su propio pelo se cubrían las vergüenzas...)
Las aventurillas de exploración del mundo post-apocalíptico están bastante bien, aunque en realidad la trama de la novela gira en torno a los personajes: el ricachón que financió el experimento y escondió un montón de oro con la intención de seguir siendo un tipo poderoso en el futuro (un tipo despreciable que mantiene su estatus gracias a los dos matones que lleva con él), el guapo ingeniero rubiales enamorado de la joven novia del richachón, los inevitables científicos que están en la historia para explicarnos los pormenores ciencia-ficcioneros y para morir por la causa... Dimes y diretes, enfrentamientos entre machos alfa, llantos femeninos y unas cuantas buenas peleas a mamporrazo entre los "viajeros del tiempo" y también con los monstruos salvajes del futuro, hacen que esta novela sea muy digna de leer: es una versión digna de "El planeta de los simios" de Pierre Boulle (del año 1963; tres años después de "Después de la hora final"), pero sin simios. 

A todo esto, y como nota personal, debo añadir que esta novelita era una asignatura pendiente de servidor, pues la segunda edición de "Después de la hora final" estaba (y está) en casa de mis señores padres desde que yo recuerdo, y no la había leído hasta ahora, a pesar de que la cubierta ejercía un extrañísimo hechizo sobre mí...
Me siento satisfecho.

(La reseña de José Carlos Canalda Cámara (realizada en 1998) de esta misma novela, AQUÍ).


martes, 6 de agosto de 2013

Micro Reseña 64: "Venus llama a la Tierra", Van S. Smith


"Venus llama a la Tierra", de Van S. Smith (Pascual Enguídanos Usarch; Luchadores del Espacio nº187, Valenciana, 1961. Portada de Ibáñez).

¿Quién dijo que el gran George H. White (que es el pseudónimo más conocido de Pascual Enguídanos) no escribió novela romántica/rosa? Este "Venus llama a la Tierra", protagonizado por Rock Hudson y Doris Day (o por Juan Luis Galiardo y Carmencita Sevilla, si prefieren el toque hipánico-cañí) es un buen ejemplo de ello.

Estamos en el futuro inmediato, esto es (vista la publicación de la novela), en el año 1964 o 1965. (Es de suponer que JFK está vivito y coleando y ha resultado reelegido, pues los Estados Unidos no están metidos en ninguna guerra en Asia, que sepamos...)
La NASA convoca a un par de periodistas, Butler Smiser (agresivo e implacable reportero, veterano de la II Guerra Mundial) y la guapa Norma Arnett, del Times, para que sean testigos de su proyecto más secreto: han enviado una nave completamente vacía a Venus... y los periodistas serán testigos de cómo un chimpancé será el primer terrícola en pisar suelo venéreo.
Pero ¿cómo es posible, si el cohete no está tripulado? Pues muy sencillo: porque lo que la nave contiene es un receptor de materia, igualito a la máquina "transferidora" que tienen los muchachos de la NASA.
Todo esto estaría muy bien si la señorita Arnett, curiosona cual gatita de uñas afiladas, no hubiera querido ver cómo era el trasto transferidor por dentro... y es que, en esta clase de comedias románticas cincuenteras (aunque estemos ya en los 60), las mujeres siempre causan problemas... incluso cuando son los técnicos de la NASA (los mismos que estamparon una sonda Viking contra la superficie de Marte hace ya unos años) los que cometen un error y transfieren a la periodista a bordo de la nave, que está entrando en la atmósfera de Venus, y que posiblemente se vaya a pegar un leñazo muy gordo.
Los militares que controlan la NASA (aquí no hay tonterías ni memeces de civiles pusilánimes: esto es una cosa muy seria y el Pentágono se tiene que encargar del tema de los monos astronautas, ¡vaya si no!) no saben muy bien qué hacer ante este catastrófico evento ("¡Hemos puesto a una mujer en Venus! ¡Una MUJER!"), pero el bueno de Butler Smiser, ni corto ni perezoso, se cuela él mismo en el cacharro teleportador y ¡hala!, se transfiere con la dama.
La autonomía (la batería, las pilas) del teleportador de la nave es corta (24 horas para redondear); la parejita termina en un mar bravío venusiano (donde, por supuesto, hay monstruos antediluvianos), pierden la nave y... bueno, pues toca lo que toca: sobrevivir, discutir (porque para eso son un hombre y una mujer), sufrir la tensión sexual, evidenciar que los hombres y las mujeres son distintos aunque, sin embargo, estén hechos los unos para las otras... En fin, ya saben ustedes: "¡No te besaría ni aunque fueras el único hombre sobre este orbe!" "Soy el único hombre sobre este orbe". "¡Quítame las manos de encima!" "Bésame, muñeca..."
Y así todo el rato.
Y de vez en cuando, una manada de dinosaurios acuáticos que salen a pacer y se vuelven a sumergir en las aguas sin provocar el más mínimo incidente.
Un insólito coñazo, amigos, por el autor de la celebrada "Saga de los Aznar".
¿Se convertirá esta simpática pareja de gringos en unos Adán y Eva venusianos? Averígüenlo después de leer cien innecesarias páginas de cortejo y danza nupcial. (Lástima que los saurios de esta versión de Venus no fueran más agresivos, rápidos o hambrientos...)