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miércoles, 15 de abril de 2015

Micro Reseña 106: "¡Satanismo!", de Curtis Garland


¡Satanismo!, de Curtis Garland (Juan Gallardo Muñoz; Selección Terror nº151, Barcelona: Bruguera, enero de 1976. Portada de Rafael Cortiella).

Prólogo: El periodista Howard Kyle está en algún lugar de la antigua Mesopotamia, en medio del desierto, y se encuentra con una especie de amuleto que le trae recuerdos de algo que pasó (¿un exorcismo, acaso?) Fin del prólogo.
Ahora, Kyle está de vuelta en USA y recoge a una autoestopista jovencita y guapetona que, curiosamente, es la chica a la que busca toda la policía habida y por haber más el FBI, pues la acusan de un brutal asesinato. Pero como Kyle es un excéntrico y un tipo muy intuitivo, la deja subir abordo de su coche aunque sabe que se trata de la fugitiva. "Kyle es así de majo y de inconsciente", piensa un poco reflexivo lector.
Kyle va de camino a un refugio en la montaña, en plan vacacional. Allí lo espera un matrimonio de amigos suyos, y a lo mejor lo de llevar a la chica asesina es un problema... pero no, qué va. Los anfitriones son gente muy maja y, además, la señora (que podría ser más problemática, por cotilla), ha tenido un conveniente accidente (acaso satánico) que la ha dejado medio ciega por un tiempo...
También de forma muy conveniente, la montaña queda incomunicada por diversos fenómenos naturales (¿o serán sobrenaturales?) que impedirán que la policía pase por allí a dar la barrila. Y como por allí sólo vive un tipo con una jovencita (se trata de los típicos misántropos misteriosos que jamás hablan con nadie y que son tan discretos que cualquiera diría que son parientes de Drácula o algo así), pues la diversión para el exorcista dominguero Kyle y su proto-novieta psycho-killer está asegurada.
Y lo mismo vale para el lector, sobre todo si tenemos en cuenta que, en realidad, esta novelita es en realidad una curiosa y un tanto estrambótica -y diríamos que osada- versión de El exorcista de William Peter Blatty (o más bien, de la película de William Friedkin de 1973), en la que Juan Gallardo sustituye a nuestro querido Pazuzu por Marduk (ambos son sumerios y por tanto, intercambiables), introduce hippies satanistas, asesinas psicópatas en apuros, y escenas de posesión con hedores y humores calcados de los que se ven en la película...
Es muy difícil escribir una historia más terrorifíca que El exorcista, y más todavía si uno parte de la idea de que la historia "se tiene que parecer a la película". Así que, yo creo que Juan Gallardo no lo intentó y optó por la diversión pura y dura, de la cual creo que hemos dejado constancia en las líneas anteriores. Si a eso añadimos el ¡SPOILER! del final, que consiste en que

¡SPOILER GORDO!

 el exorcista se casa con la posesa, pues... ya ven ustedes: difícil de superar, ¿verdad?

ÍTEM MÁS: Garland escribió previamente otra novela sobre el mismo tema: Los exorcistas, publicada en Selección Terror nº80 (obrita que en mi mente será siempre "la del pollo demonio en la portada"). Hablaremos de ella próximamente.

(Otra reseña de esta misma novela, en el blog BOLSILIBROS de nuestro amigo y compañero Juan Castillo).



sábado, 10 de mayo de 2014

Micro Reseña 95: "Los pajaritos ciegos", Lou Carrigan

"Los pajaritos ciegos", de Lou Carrigan (Antonio Vera Ramírez; La Huella nº81, Bruguera, Barcelona, mayo de 1976. Portada de Salvador Fabá. Reedición en Servicio Secreto nº1716, Bruguera,. 1983; y en Punto Rojo nº50, Ediciones B, 1994).
Servicio Secreto nº1716, Bruguera, 1983
El psiquíatra Amos Grant decide prestar sus servicios a la policía de Nueva York. Y llega en buen momento, pues hay un par de asesinatos aislados que presentan puntos en común: cuerpos cosidos a puñaladas y, detalle macabro, los ojos pinchados repetidamente con agujas (post-mortem, por suerte). Para llevar a cabo la investigación, Grant contará con la ayuda (o viceversa) del sargento de detectives Kester Hyde, que es un poli de los buenos, de los duros, de esos que molan.
El caso los llevará por lugares sórdidos, como una agencia de actores porno, discotecas con muchas luces (recordemos que estamos en los 70) ambientadas por grupos musicales compuestos no se sabe si por hombres o mujeres (porque ¡llevan el pelo muy largo!), la casa donde viven dos simpáticas ancianas -un poco raritas ellas- y otros lugares divertidísimos... Y por supuesto, los héroes tendrán que vérselas con asesinos a sueldo y con guapas mozas retozonas deseosas de echarse novio. Todo esto, con el trasfondo de una serie de crímenes que, al parecer, tiene su origen en los viejos buenos tiempos de un grupo de amigos, que cuando eran niños hicieron algunas cosas de las que quizá no estuvieran demasiado orgullosos...

Nuestro amigo, el escritor Carlos Díaz Maroto, tiene en altísima estima este thriller psicológico y bastante bestia del maestro Lou Carrigan, y no seré yo quien le lleve la contraria, pues me lo he pasado bien. Yo diría que la historia debe mucho a las muchas secuelas, imitaciones y knock-offs realizados sobre el clásico "Psicósis" de Hitchcock (ni me molesto en mencionar la novela original de Robert Blotch, eclipsada por el filme), y quizá con cierta terrorífica película que no voy a mencionar aquí para no dar más pistas... Todo esto, aderezado con una pareja de polis que, para variar, no son "el poli bueno y el poli malo", ni "los dos polis opuestos", pues en realidad, aunque uno sea un veterano y el otro un psiquiatra, ambos son muy buenos a la hora de repartir estopa.
Que sí, que está muy bien la novelita, y cuenta con detalles tan jodidamente escabrosos que, lo confieso, me revolvió las tripas. Muy recomendable.

(Otra reseña de esta misma novela, en Bolsilibros Bruguera, por Antonio Guerrero).

Punto Rojo nº50, Ediciones B, 1994.

lunes, 5 de mayo de 2014

Micro Reseña 92: "El ser", Marcus Sidereo

"El ser", de Marcus Sidereo (María Victoria Rodoreda Sayol; La Conquista del Espacio nº311, julio de 1976. Portada de Miguel García).

Un coñazo no insufrible, porque lo he aguantado (malamente) hasta el final.
Parábola (acertada en parte) de una civilización post-humana, es decir, robótica, dotada de inteligencia y "humanidad" (suponemos que "organicidad", valga el palabro) por El Ser que da título a la novela, una criatura que, por desgracia, no es el simpático marciano malvado verdoso que retrata Miguel García en la prometedora portada, sino un trasunto de Dios -de "Dios" en plan Yavé, no "Dios" en plan Star Trek-. La historia está narrada en un tono cuasi bíblico, vemos pasar las generaciones y los hijos de los hijos, y los robots humanos son exactamente lo mismo que sus predecesores: una panda de ingenuos y también una panda de hijos de puta que terminan drogándose, yendo de putas y haciendo la guerra. Pero ¿al menos hay un gran castigo final para todos, como El Ser prometía? Pues no. Los justos (dos o tres) se salvan.
¿Hay mensaje? Sí. ¿Me gustan los simplistas planteamientos ideológicos de la historia? Sí, claro; a mí también me gusta la paz y el buen rollo, y también soy consciente de que siempre viene un gilipollas (un robot gilipollas, en este caso, y tiránico) a joder el día.
Castaña epopéyica gorda, que no obstante, está bien escrita y, repito, he leído hasta la última línea. Aunque bien me la podría haber ahorrado.
Supongo que, antes o después, volveré a Marcus Sidereo, aunque no sea más que por las amables palabras que le dedica nuestro amigo Llosef en su blog... quizá he tenido mala suerte y he dado con una novela mala de narices, sencillamente.

miércoles, 30 de abril de 2014

Micro Reseña 87: "Las ratas están locas", de Curtis Garland


"Las ratas están locas" de Curtis Garland (Juan Gallardo Muñoz; Selección Terror nº181, Bruguera, Barcelona, agosto de 1976. Portada de Desilo).

Para esta curiosa novela, a caballo entre película de James Bond (pero sin James Bond) y novela de terror ratesco de James Herbert, el Maestro Juan Gallardo se marcó un comienzo con ecos de la maravillosa serie televisiva "El Prisionero" de Patrick McGoohan, con un villano, como decíamos, a lo Doctor No, y un fofo protagonista que no es otra cosa sino el consabido periodista intrépido/víctima que poco tiene de heróico y mucho de galán ñoño de segunda categoría.
La historia transcurre en el futuro (concretamente en el año 1988) y, al contrario que en las novelas de Johnny Garland, el mundo no ha devenido en un lugar perfecto, con naves voladoras que nos llevan a Marte cuando se nos antoja, sino que por una vez, se parece mucho a lo que fue el año 1988. Hay grupos terroristas absurdos que pululan por aquí y por allá, catástrofes naturales, etc... En este realista contexto, el periodista Alex Miller -un hacha en su oficio- recibe una exclusivísima invitación del premio Nobel Arístides Markiewicz para una reunión de gravísima importancia que tendrá lugar en la Nochevieja de 1988, en un refugio secreto de las Montañas Rocosas. Se prometen revelaciones que harán cambiar el curso de la historia.
Alex, por su puesto, tiene una novia (Crystal) que no podrá acompañarlo a la dichosa reunión secreta... La chica es tan maja que ni siquiera se enfada porque su hombre vaya a pasar el Año Nuevo en algún lugar desconocido y vete a saber con quién. Así da gusto.
El problema es que, cuando Alex regresa, trae consigo una secretaria macizorra salida de la nada -cosa que no le hace ninguna gracia a Crystal-, y a todo esto, el mundo está sufriendo una paulatina invasión de ratas inteligentes asesinas -pero no gigantes ni de Sumatra, mecachis-.
Y... bueno, pues eso es lo que hay si no queremos destripar la novela a los lectores.
Entretenida, sin demasiado terror y sin demasiado asquito, gore ni chicha sanguinolenta, a pesar de que la historia se prestaba sobremanera. En fin, un Garland siempre se deja leer bien.

Otra reseña de esta novelita en el blog The Jamaa Fanaka Experience.

sábado, 31 de agosto de 2013

Micro Reseña 76: "Ejecutores de Mundos, S.A.", Curtis Garland


"Ejecutores de Mundos, S.A.", de Curtis Garland (Juan Gallardo Muñoz; La Conquista del Espacio nº290, Bruguera, marzo de 1976; portada de Salvador Fabá. También en Ciencia Ficción nº17, Astri, 1987. Portada de Vicente Segrelles).

Siglo XXX: un hombre muere desintegrado a la puerta de la casa de la hija de su mejor amigo. Sus últimas palabras: Algo sobre el "W.K.I.", "hombres con ojos de oro" y "un cráneo negro". Como el cuerpo se convierte en nada, la chica no da parte a la policía, sino a su novio, que es un comercial agresivo y efectivo que sólo piensa en la pasta, y que en esos momentos se encuentra en Saturno cerrando un trato muy ventajoso para su empresa. A este caballero, que se llama Erik Lentz, eso de que un tipo se haya muerto delante de su novia le trae al fresco, pues él va a lo que va: la pasta. No obstante, cuando unas misteriosas "Escuadras Negras" se cargan al benévolo gobernante de las colonias saturninas y ponen en su lugar a un militar de ojos dorados, empieza a mosquearse... Y más todavía cuando, en su viaje a Júpiter para continuar con sus negociazos interplanetarios, sucede tres cuartos de lo mismo allí... Y a todo esto ¿quiénes son los sectarios que andan por todos los planetas predicando una nueva Religión Única y Verdadera? ¿Por qué cada vez que Erik visita un planeta, se monta allí la de Dios? ¿No va a poder hacer chanchullos tranquilo? ¡Tachán, tachán...!

Una brillante y muy, muy, muy sugerente portada de Salvador Fabá, junto con un prometedor prólogo del maestro Garland ("Esto es algo que quizá nunca llegue a suceder, por mucho que los tiempos y los planetas evolucionen. Ojalá sea así. Resulta improbable que tan demencial posibilidad se llegue a producir", nos dice Juan Gallardo), nos llevan a una novela muy flojita (por no decir mediocre) que no da lo que promete -una coalición universal de Amigos E Imitadores de Galactus-, sino un decepcionante misterio que transcurre en el siglo XXX, en diversos planetas colonizados por humanos en nuestro sistema solar, con una simplista trama de revoluciones internas sin demasiado fuste: si la idea era trabajar sobre la hipótesis de "una mafia-sindicato del crimen capaz de asesinar planetas enteros por encargo" (un planteamiento original, en mi opinión: ¿un Galactus a sueldo? ¡Me encanta!), todo se reduce a una organización villanesca que, en el mejor de los casos, Doc Savage habría podido cepillarse con un brazo atado a la espalda.

Vicente Segrelles le dedicó una segunda cubierta a esta novelita en la colección Ciencia Ficción de Astri, pero no hemos conseguido mejor calidad de imagen. (Y malditas sean las marcas de agua... ¿por qué narices las ponéis sobre imágenes que no son vuestras? Me parece de mal gusto, la verdad).


Ciencia Ficción nº17, Astri, 1987. Portada de Vicente Segrelles.
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miércoles, 28 de agosto de 2013

Micro Reseña 74: "Los hombres-peces", Peter Kapra


"Los hombres peces", de Peter Kapra (Pedro Guirao Hernández; Espacio: El Mundo Futuro nº431, Toray, 1968. No sabemos de quién es la portada. Hay reedición en Galaxia 2001 nº39, EASA-Andina, 1976. No sabemos de quién es la portada).



El rico armador Arthur Kreis está en viaje de placer por el Pacífico junto con su ayudante y mano derecha, Don Coleman, su hija Pier y el capitán del barquito (un yate, supongo) Diane, Jack Bronson. Y les pilla una galerna de narices, y el barco se hunde con ellos encerrados en una salita.
La situación, angustiosa, está clara: van a morir aplastados por las paredes del barco que se va al fondo del mar, ahogados por el agua, o bien asfixiados.
Pero no...
Porque resulta que, cuando ya se están desvaneciendo, se abre un boquete en una pared y aparecen unos monstruos estupendos que se los llevan a una especie de balsa salvavidas submarina transparente...
y cuando despiertan, se encuentran en una cárcel de cristal (también submarina y transparente). Y no son los únicos, pues ahí abajo hay otras jaulas: hay un japonés que lleva la friolera de veinte años encerrado, y una pareja de francesas que están allí desde hace dos o tres años, y un también marino de la Armada de Estados Unidos, y alguno más. Y todos ellos son prisioneros de "los crotos", los hombres peces que vinieron a la Tierra hace años procedentes de un planeta acuático; unos alienígenas bastante cabroncetes, muy avanzados tecnológicamente, que tienen en mente la idea de estudiar a fondo a nuestros náufragos, operarse para tener pulmones y no branquias, añadirse unos brazos y unas piernas mecánicos... y conquistar el mundo de la superficie más pronto que tarde.

La novela está bien, es entretenida y aunque no es de tirar cohetes, se deja leer. Las cuestiones de relación lingüística entre aliens y humanos están medianamente bien tratadas (o, por lo menos, se tratan en la novela, cosa que se hecha en falta en otras muchas historias), el ambiente no es el de una simpática "gran evasión" (aunque es una novela "de fugas"), sino uno mucho más claustrofóbico. Y por supuesto, no falta la relación chico/chica entre la hija del magnate y el ayudante guapo, eficiente, valiente, etc. Lo que he expuesto unas líneas más arriba es sólo una breve sinopsis/planteamiento; luego se suceden las aventuras (desventuras), escenas dramáticas, etc.


Cubierta de "Los hombres peces", una aventura
de Jim Kenny, también de Kapra.
Como nota curiosa, quiero señalar que Pedro Guirao/Peter Kapra tiene una obra anterior, también titulada "Los hombres peces" (1967) y que corresponde a una aventura de su personaje Jim Kenny; una obrita que no he tenido ocasión de leer. ¿Se trata de la misma novela? ¿Podrá alguien arrojar luz sobre esta incógnita?
(Por cierto, que este Pedro Guirao fue, en los años 70, autor de un montón de divertidísimos libros ensayísticos de lo ahora llaman "pseudoarqueología", del mismo modo en que Antonio Ribera -autor de "La isla de los hombres peces", novela y película española- escribía sobre ovnis: seguro que tienen ustedes algún ejemplar de Pedro Guirao en casa...)


jueves, 25 de julio de 2013

Micro Reseña 59: "En la boca del lobo", Lou Carrigan

 "En la boca del lobo", de Lou Carrigan (Antonio Vera Ramírez; Terror nº36, Rollán, 1973. Hay ediciones en Selección Terror nº183, Bruguera, agosto de 1976, portada de Desilo -sin acreditar-; Selección Terror nº465, Bruguera, 1982, no sabemos de quién es la portada; y Selección Terror nº43, Ediciones B, 1993, portada de Alberto Pujolar reciclada de Selección Terror nº130).

No todos los bolsilibros de Bruguera eran originales realizados ex-profeso por los diversos autores para las diversas colecciones, sino que de cuando en cuando -y al igual que hizo la colección Galaxia 2001 de Andina/EASA hasta la saciedad- se colaba alguna novelita que ya se había publicado en otra editorial. Por ejemplo, este "En la boca del lobo", que Antonio Vera escribió para Rollán en 1973.

Melville Roark es un hombre hecho a sí mismo, posee una mina de carbón en Alaska, un socio joven y de confianza, y una esposa bella, deseable y mucho más joven que él.
Y mucho dinero.
Así que no es de extrañar que la buena de Mae Roark y el joven Gordon Owells hayan decidido que, antes de tomar la avioneta que los llevará a Anchorage, tienen que matar a Melville y deshacerse de su cadáver. Después, podrán gastarse su dinero en algún lugar paradisíaco.
Pensado y hecho.
Sólo que...
Bien, en la avioneta, además de Charlie, el amabilísimo y simpático (y pintoresco) piloto pelirrojo pecoso que siempre dice "¡Caracoles!", viajan una par de mineros sin suerte que también van a Anchorage. Y en mitad de vuelo, Mae se da cuenta de que, tras haber descuartizado el cadáver de Melville y haberlo convertido en cenizas (con carbón, claro), no limpió el hacha que Gordon utilizó para acabar con Roark. Hay que dar media vuelta. Pero...
Pero los dos mineros sin trabajo saben quién es Mae Roark y, a punta de pistola, anuncian que nada de media vuelta, que el avión irá adonde ellos quieran, y que Melville Roark tendrá que pagar 200.000 dólares por recuperar entera a su mujercita. Pero...
Pero cuando ya está claro que aquello es un secuestro, los motores de la avioneta dejan de funcionar. Y lo que a este grupo de majísimos exponentes del género humano les espera abajo, son los abetos, la nieve... y los lobos.
Y esto no es más que el comienzo...

Una novela estupenda, un thriller que parece una historia de los hermanos Cohen (concretamente de los primeros hermanos Cohen, los de "Sangre fácil"), y que resulta muy satisfactoria a cualquier nivel.
La recomiendo mucho, mucho, mucho.

(Otra reseña de esta novela, en este caso realizada por el amigo Francesc Barceló, se puede encontrar en su blog EL QUIOSCO DE LA RAMBLA).

SOBRE LAS PORTADAS:Merece la pena echar un vistazo al historial portadístico de esta novela que cuenta, como ya han visto ustedes, con cuatro ediciones distintas.
No hemos podido averiguar quién es el autor de la cubierta para la edición original en Rollán (es la imagen que abre esta entrada) y tampoco hemos conseguido dicha cubierta en una resolución mayor.

Selección Terror nº183, 1976. Portada de Desilo. Atentos a la errata en SELEOCIÓN; una cosa bastante rara, puesto que estas cubiertas se maquetaban con plantilla... ¿O estoy equivocado?

La portada de Desilo para la edición de 1976 se recicló para una novela de Curtis Garland publicada en Selección Terror nº515, y que ya hemos reseñado en este blog.


Selección Terror nº515, 1983. Portada de Desilo (reciclada del nº183)
Otra edición de "En la boca del lobo" apareción en Selección Terror nº465, y tampoco hemos podido averiguar quién es el portadista.


Reedición en Selección Terror nº465. ¿Quién será el portadista? 


Selección Terror nº43, Ediciones B, 1993. Portada de Alberto Pujolar (un reciclaje)
La cuarta edición de "En la boca del lobo" corresponde a Selección Terror nº43, de Ediciones B. En este caso, se recicló una portada del gran Alberto Pujolar, correspondiente a Selección Terror nº130 de Bruguera.

Selección Terror nº130, Bruguera, 1975. Cubierta de Alberto Pujolar.


ÍTEM MÁS:
Como curiosidad animal, les dejamos aquí un par de portadas de bolsilibros que también se titulan "En la boca del lobo" y que nada tienen que ver con la novela de Lou Carrigan. (Hay montones de tebeos con ese título: números de The Phantom, Jabato, El Corsario de Hierro, Jorge y Fernando y otros muchos, alguna película, e incluso una novela de Karl May. Y más, claro).



Hazañas Bélicas nº441, Toray


Colección Pistolero nº82, Astri

sábado, 20 de julio de 2013

Micro Reseña 56: "Pacto... ¡después de morir!", Curtis Garland


"Pacto... ¡después de morir!", de Curtis Garland (Juan Gallardo Muñoz; Selección Terror nº195, Bruguera, noviembre de 1976. Portada de Antonio Bernal).

¡Otro cuasi-pastiche sherlockiano! (O al menos, conandoyleano...)

Estamos en 1890 (aunque al principio del texto se insinúa, por medio de lo que es claramente una errata, que estamos en 1850). Un joven abogado e investigador amateur, Victor Talbot, asiste a una reunión en Kearney Castle, donde hace diez años tuvo lugar un doble crimen resuelto sólo a medias... y los invitados a dicha reunión son ¡los sospechosos de entonces!
Hasta ahí, tenemos un planteamiento a lo "Diez negritos" de Agatha Christie, ¿verdad? Pues no, porque los tiros van por otro lado, ya que la primera parte de la novela -la mejor parte, por cierto- narra con pelos y señales el viaje nocturno de Talbot a su destino, su encuentro con unos salteadores, la aparición de un hombre misterioso llamado Manfred Graham -cuya descripción nos recuerda remotamente a la de algunos justicieros oscurillos, como la Sombra- que le salva el cuello al joven investigador, y que le habla de su inminente muerte en Kearney Castle... y de la posibilidad de que regrese, tan sólo en espíritu, a resolver el misterio de ¿quién le ha matado a usted?
Y, obviamente, eso es lo que sucede...
Si a esta idea le añadimos el detalle de que el joven Talbot es primo (lejano, aseguran los personajes del texto) de Arthur Conan Doyle, de quien Victor ha heredado el gusto por los misterios, nos encontramos con una idea bastante curiosa o, cuando menos, interesante.
Sin embargo, la novela va perdiendo fuelle en cuanto el detective aficionado muere y queda en manos de los sospechosos, que se limitan a acusarse mutuamente, a desmayarse, a gritar porque creen que han visto al fantasma de Talbot...
No está mal; se desperdician muchas posibilidades -sherlockianas- y argumentales (ojalá Curtis hubiera aprovechado más a Manfred Graham, que es un gran personaje), pero en fin, tira que te va. Y la portada de Antonio Bernal me gusta mucho.

viernes, 12 de julio de 2013

Micro Reseña 52: "El fantasma de Baker Street", Curtis Garland


"El fantasma de Baker Street", de Curtis Garland (Juan Gallardo Muñoz; Servicio Secreto nº1.370, Bruguera, noviembre de 1976. Portada de Miguel García)

(NOTA: Esta micro reseña es un extracto de mi artículo "Sherlock Holmes, Shelby Hakes y Shylo Harding: la aproximación sherlockiana de Curtis Garland", incluido en el volumen "Sherlock Holmes en Rancho Drácula", a la venta por correo postal -sólo 8 euros- AQUÍ). "El fantasma de Baker Street" no es ningún fake de tono homenajístico/humorístico, como lo fue mi post conmemorativo -pues se trataba de la micro reseña número 50 y quise hacer un guiño a los compañeros que también se dedican a la arqueología bolsilibresca- sobre "Monstruos en Baker Street", que nunca existió pero que podría haber sido real).

El fantasma de Baker Street —una obra que ha caído en nuestras manos gracias a la generosidad de Antonio Guerrero González, estudioso de la novela popular y a la sazón, traductor en nuestro país de las lovecraftianas obras del norteamericano David Woolrich (un autor perteneciente a la generación de Norm Eldritch, Jubelo Fowler, King Parker y otros muchos escritores a los que actualmente se está rescatando en nuestro país)— presenta a un paperback writer también estadounidense, el señor Shylo Harding, que viaja a Londres por ocio y para visitar el mítico museo de Sherlock Holmes situado en el 221 de Baker Street. Por diversas vicisitudes, cae en manos de Harding el último manuscrito del doctor John F. Weston (y ojo, pues no señalamos [sic]) donde se relata la aventura postrera de su amigo y compañero, el detective Shelby Hakes, que hubo de enfrentarse en 1897 a un misterioso asesino múltiple (no exactamente un imitador del viejo Jack el Rojo) llamado, sencillamente, “el Degollador”.
Esta obra, en la que no vamos a ahondar mucho más, es un auténtico hallazgo dentro de la literatura pastichera holmesiana pues, que sepamos, no estaba catalogada como tal. El fantasma de Sherlock Holmes se puede enmarcar dentro de ciertas corrientes no exactamente revisionistas, sino más bien negacionistas, esto es, los pastiches que aluden al hecho de que no existió nadie llamado Sherlock Holmes, sino algún otro personaje (Jack Sparks en La lista de los 7 de Mark Frost, el doctor Joseph Bell en diversas obras y series televisivas, son dos ejemplos de esta corriente) en el cual se habría inspirado el doctor Doyle para escribir sus historias. Es, también, el método utilizado por el moderno Padre de la mitología creativa, el difunto Philip José Farmer, en sus obras sobre “las personas reales que sirvieron como base a los creadores de Tarzán y Doc Savage” (hablamos concretamente de la brillantísima A Feast Unknown, 1969, protagonizada por John Cloamby “Lord Grandrith” y James “Doc” Caliban). De hecho, Juan Gallardo llega más lejos y sitúa las originales aventuras de Shelby Hakes al menos veinte o puede que treinta años antes que los primeros casos de Sherlock Holmes: Según Gallardo, Hakes es un hombre anciano en el año 1897, y el doctor Weston obtuvo su doctorado en Medicina en algún momento durante el primer tercio del siglo XIX.
(Mención aparte merece el escritor Shylo Harding, que en la obra desempeña un papel que guarda semejanzas con el del actor Sheridan Hayes en A Three Pipe Problem (Un problema de tres pipas, 1975), un homenaje holmesiano de Julian Symons cuya secuela, The Kentish Manor Murders (Los asesinatos de Kentish Manor, 1988), es bastante inferior al original).
En cualquier caso, se trata de un pastiche de gran importancia dentro del género en España —por sus características mitográfico creativas— y posiblemente a nivel internacional, debido a una pluma de solvencia más que probada, y que merecería una reedición en papel lo antes posible: los sherlockianos merecen leer esta novela.


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miércoles, 10 de julio de 2013

Micro Reseña 50: "Monstruos en Baker Street", Curtis Garland


"Monstruos en Baker Street", de Curtis Garland (Juan Gallardo Muñoz; Selección Terror, número especial de 196 páginas fuera de colección, Bruguera, marzo de 1976).


El narrador, el doctor John F. Weston, relata cómo el barón de Kronstedt, un noble transilvano, visita al detective londinense Shelby Hakes en 1879 para contratar sus servicios. El problema: se ha extraviado un envío procedente de Suiza, concretamente un cajón de notables dimensiones que contiene una reciente adquisición del barón.
Hakes se pone manos a la obra y, tras un par de rápidas deducciones y de encuentros con mozas turgentes (cantos de sirena a los que el detective hace caso omiso, no como el bueno del doctor Weston), da con el dichoso cajón que contiene nada menos que el cuerpo de una monstruosa mujer conformada con cadáveres de otras damas. (El envío, obviamente, estaba remitido por un tal barón Frankenstein).
A todo esto, Hakes y Weston pierden el cajón tras una cruenta pelea a balazos (de plata) con un hombre lobo, una criatura invisible, y un grupo de zombis recién salidos de alguna morgue. Weston tiene muy claro que Kronstedt no es trigo limpio, pero Shelby Hakes sabe la verdad, y es que esos monstruos en realidad trabajan para un adversario del caballero carpatiano, en concreto un monje ruso que responde al nombre de... Rasputín.


El ejemplar del amigo Efrén Comín (junto con otras novelas de a duro y los planos originales del submarino Bruce-Partington), adquirido durante la II Tertulia Sherlockiana de Madrid. 13 de julio de 2013.

Para acabar con esta ensalada de monstruos, el astuto Hakes recurre a la colaboración de un amiguete suyo, el señor Roger Hastings (y su fiel ayudante hindú, Rahma), que es un especialista en asuntos sobrenaturales, y también recoge por el camino al pistolero texano Drury Reno, que andaba por Londres como parte de un espectáculo del Far West. Y así, tenemos un precipitadísimo confrontamiento final (dos páginas y todo arreglado, amigos) de las tres partes en una mansión de Whitby, con el barón de Kronstedt (cuyo verdadero nombre es el de conde Drácula; revelación nada sorpresiva) haciéndose con un ejemplar de un grimorio llamado “El Negro Libro del Horror” y que le permitiría invocar a un buen puñado de demonios, el monje Rasputín y sus monstruitos repartiendo dentelladas y candela (ruedan cabezas, desaparecen brazos y piernas), y el súper grupo de Hakes armado hasta los dientes con estacas de madera, cruces, más balas de plata (ahora rociadas con agua bendita, por si las moscas), y algunos adminículos anti-zombi patentados por Roger Hastings.
¡Ah! Y al final, el doctor Weston se casa con una de las diversas damas de pechos generosos que aparecen en la narración. (No con la chica remendada de Frankenstein).
Este delirio maravilloso hace referencia a un buen puñado de novelitas curtisianas (como "El fantasma de Baker Street", que reseñaremos aquí oportunamente), y en él presenciamos un intrincado juego metaliterario, pues Curtis en persona nos asegura que está traduciendo una novela escrita por el norteamericano Shylo Harding, autor de novelas baratas...
En resumen, una novelita que no existió y que, sin embargo, podría y debería existir.
Muy, muy, muy divertido, y tan difícil de conseguir, o quizás más, que el poco conocido “Necrolatría” de O. Marshall (Selección Terror nº535, Bruguera, 1983).

(En la imagen de abajo, un artículo sobre “Necrolatría”)




"Monstruos de Baker Street" alcanza precios astronómicos entre los coleccionistas de bolsilibros.



lunes, 17 de junio de 2013

Micro Reseña 41: "El pánico invisible", Curtis Garland


"El pánico invisible", de Curtis Garland (Juan Gallardo Muñoz; Selección Terror nº190, Bruguera, octubre de 1976. Portada de Antonio Bernal).

Si esta novelita se hubiera publicado setenta y cinco años antes, habría sido lo que hoy se llama, en anglosajón, un "knock-off". Concretamente, un knock-off de "El hombre invisible" de H.G. Wells, a quien Juan Gallardo, sincero como siempre, dedica la obra en un prólogo donde reconoce su fuente de inspiración (igual que hizo con Sax Rohmer en "El cerebro del dragón").
Dicho esto, debo añadir que "El pánico invisible" no sólo es una dignísima aproximación al tema (Jules Verne hizo lo propio con "El secreto de Wilhelm Storitz", aunque hay mucha más bibliografía decimonónica sobre la invisibilidad cienciaficcionera), sino una verdadera novela de terror, construida con gran maestría y, en mi opinión, una de las mejores de la producción terrorífica de Garland.
Curtis ya había tocado el tema en "El discípulo de Frankenstein", y parece que volvió a las andadas (no lo sabemos con certeza, pues ni tenemos un ejemplar ni hemos leído la novela) años después en "Los crímenes del invisible". (NOTA: Ahora ya tenemos la novela, y también la reseña).
Sinceramente, me ha parecido una obrita muy especial, honesta a más no poder, con sus giros argumentales que se desvían de la obra de Wells, sus chicas de pechos generosos, y ese ambiente victoriano, desprovisto de mucha de la verborrea de la época (Juan Gallardo iba al grano, gracias a Cthulhu), que hace tan agradables de leer estas novelas decimonónicas de a duro.
Muy, muy buena, y sin ese final precipitado tan habitual en los bolsilibros. (Qué gustazo, la verdad...)


miércoles, 5 de junio de 2013

Micro Reseña 14: "Sangre en un cráneo", Curtis Garland


"Sangre en un cráneo", de Curtis Garland (Juan Gallardo Muñoz; Selección Terror nº172, Bruguera, junio 1976. Portada de Alberto Pujolar).

A finales del siglo XIX, un inglés hereda una casa (embrujada) en un pueblo germano que bien podría haber sido Visaria. La novela tiene ese estilo decimonónico garlandiano, si cabe más depurado, que el autor solía conferirle a muchas de sus obras. Por desgracia, la historia trata sobre un cráneo que va por ahí, rebotando cual pelota loca por las calles. Un cráneo que mata a gente (las degüella, básicamente).
Es todo un disparate, bastante cansino, por cierto (o quizás sea que también la leí en el avión, cosa que no es muy recomendable, pues el ambientillo no ayuda a meterse en las historias).
En fin, una novela fallida de Garland.

(Y aún así, tiene su encanto...)