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martes, 7 de noviembre de 2023

Micro Reseña 119: La noche de la Momia (Selección Terror nº29), de Curtis Garland


Como ya hicimos con Drácula 75, recuperamos aquí otra micro reseña de octubre de 2019, perdida (desaparecida casi por completo) en el tráfago de proyectos, bitácoras y batallas contra la Red de Redes, así que no repetiremos la cantinela de cómos, dóndes y porqués. Como sucedía con aquella novelita, La noche de la Momia también apareció en nuestro volumen Hammer Horror de Curtis Garland. Y también, como de costumbre, aprovechamos esta recuperación para añadir unas reflexiones actuales. Pasen, están ustedes en su casa.

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"Los gritos se perdieron en el Nilo inmenso, sin ser siquiera escuchados.
Poco más tarde, el hermoso y esbelto navío velero, era solamente un buque fantasma, ocupado por muertos. Muertos que no se movían, ensangrentados en sus camarotes o en cubierta.
Solamente una figura alta, fantástica, envuelta en deshilachados vendajes, sin otros ojos bajo las rendijas de sus vendas que la oscura sombra de un rostro embreado y sin pupilas, se movía por cubierta como un ser de más allá de este mundo".

 
De esta magnífica novela, Alberto Sánchez Chaves, arqueólogo del papel popular, dijo en su artículo "El eterno despertar de la momia" (de obligatoria lectura) que se trataba de "una gran historia de Curtis Garland, el mejor homenaje posible que podía dar la literatura popular a la Momia". Y no podemos menos que estar de acuerdo con Sánchez Chaves, pues con La noche de la Momia (publicada en Selección Terror nº29, septiembre de 1973), Curtis Garland hizo lo más parecido a crear una "obra canónica", a partir de un personaje que, como el Yeti o el Hombre Lobo, carecen de un original literario, aunque sí tiene muchos antecedentes (u "obras candidatas al Canon) en autores del siglo XIX como Edgar Allan Poe o Théophile Gautier. Parece que la búsqueda del "Canon de la Momia", o al menos del arquetipo terrorífico, podremos encontrarlo sobre todo en las diversas producciones cinematográficas de la Universal entre las décadas de 1930 y 1940, y más tarde, en las célebres películas de la Hammer, realizadas en los años de 1960 (una vez más, con Christopher Lee de por medio). Tanto unas fuentes como otras son válidas, pero nosotros nos vamos a quedar con la aportación victoriana de Juan Gallardo Muñoz, que por derecho propio merece figurar entre los clásicos del género.
 
Primera entrega del folletín Historia de una momia, de Theóphile Gautier. Extraído de la Gaceta Universal (Madrid), 8 de agosto de 1879.
 
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5 de noviembre de 2023

Mis avatares con La noche de la Momia no son demasiado interesantes, salvo por el hecho de que mis primeros intentos de lectura de la novelita, allá por 2013, fueron fallidos y desafortunados y, tan sólo algunos años más tarde, hacia 2018, la devoré de un tirón y la celebré en la intimidad, tal y como merecía: iba a convertirse en una de las novelas reeditadas en Hammer Horror, junto con otras obras de Curtis Garland consagradas al Hombre Lobo, el Yeti, el doctor Jekyll (y Mr. Hyde), Frankenstein y Drácula.

Es muy posible que aquellas originales lecturas frustradas se debieran a la introducción del texto, ambientada en el Egipto faraónico, donde Juan Gallardo Muñoz describía una ceremonia de enterramiento en vida y castigo, y la subsecuente maldición. No soy aficionado a la novela histórica; mis conocimientos sobre el antiguo Egipto no alcanzan para jugar al Trivial Pursuit, y eso se debe a que mi interés por la Historia en general, y la Antigüedad en particular, ha sido siempre puntual y enfocado a hechos, momentos, fechas y situaciones muy concretas. Dispongo de un mapa mental que me permite buscar tal o cual dato, tal o cual fecha, tal o cual acontecimiento; pero cuando tengo que enfrentarme a referencias sobre las Guerras Púnicas, los emperadores romanos, las cabezas de los toros asirios o, como es este caso, los faraones y sus pirámides y sus momias, mi cerebro se va de paseo al País de las Maravillas de Erich Von Däniken y, en el mejor de los casos, me dice: "Ya buscarás la referencia en otro momento, posiblemente dentro de un par de años". Me pierdo cuando mi buen amigo y colega, el escritor José Miguel Pallarés, me relata detalles insólitos sobre la vida cotidiana y espiritual de los romanos y sus dioses lares en el año catapún, la vestimenta y armas de los soldados de a pie o el sistema de desagüe de los retretes de Pompeya, pero retengo la idea general del relato sobre Licaón, santo patrón de los licántropos.

Todas estas fallas mías abarcan la totalidad de la Edad Media (si me hablan de las Cruzadas, de templarios y de cátaros, simplemente me encojo de hombros) y creo que sólo me entero un poco de la película a partir de Alfonso X el Sabio. Y eso, porque ha pasado a la historia como autor (más bien, compilador) de obras literarias.

En fin: que envidio a los muchos amigos que tengo que saben Historia a lo bestia (saben tanto que imparten clases, visitan yacimientos arqueológicos, asisten a conferencias especializadas, viajan mucho y ven mucho), pero también es cierto que no los envidio tanto como para ponerme a estudiar. Ya tengo bastante con los siglos XVIII al XX, que me resultan más comprensibles y atractivos, por no mencionar el work in progress que nos ha tocado en suerte y que recibe el nombre de siglo XXI: menudo montón de películas de Oliver Stone (bueno, de los biznietos y tataranietos de Oliver Stone) que van a salir de aquí, y vaya cara de pasmo se le va a quedar a nuestros descendientes cuando descubran la clase de cretinos engreídos que somos. Eso, suponiendo que dentro de cien años queden seres humanos que sepan leer o entiendan el lenguaje cinematográfico.

Fin, y disculpas por el excurso. Volvamos con Curtis Garland.

Mi impresión definitiva sobre La noche de la Momia es que se acerca mucho a la categoría de obra maestra, la roza; y esto es por los motivos que expuse en 2019: porque esta narración se puede considerar tan canónica como La novela de una momia de Gautier o la película The Mummy (1932), dirigida por Karl Freund, con Boris Karloff en el papel de Imhotep.

Imagen extraída de El Heraldo de Madrid, 1 de marzo de 1933.

Quiero centrar mi atención un momento en el filme de la Universal, porque en mi opinión, fue el punto de partida de Curtis, del mismo modo en que es el punto de partidas de muchas películas posteriores, incluidas las de la Hammer Films.

Creo que fue mi amigo Arturo Botella el que me comentó, en una ocasión, que el Drácula de Francis Ford Coppola estaba basado, en realidad, en La Momia de Karloff. Y esa opinión tiene su punto, pues Coppola convirtió la novela de terror de Stoker en "historia de amor reencarnado", y de eso trata precisamente el filme de la Universal. No está de más recordar que Bram Stoker también publicó, en 1903, la novela The Jewel of the Seven Stars (La joya de las siete estrellas), donde también se trata el tema de la momia resucitada, y que quizá sirvió de inspiración a Nina Wilcox Putnam y Richard Schayer para su primer tratamiento de guión de The Mummy de Freund. He aquí una reseña de la película, extraída de El Heraldo de Madrid del día 1 de marzo de 1933:


 

Si no recuerdo mal, la novela de Curtis también contaba con una sacerdotisa, Hatharit (que no sirve a Isis, sino a Apophis), y el sacerdote Imhotep tiene su contrapartida en el faraón Ekhotep IV. Como es lógico, pues esto ya aparecía en Gautier, también hay una excavación arqueológica británica en Egipto, en 1890, y los detalles que en la película se relacionan con el Papiro de Thoth, aquí los saca el autor, como nos informa en sus notas al pie, de El libro de los muertos.

 


Pero La noche de la momia no es una historia de amor, sino de maldición y de venganza desaforada. Así, en el terreno terrorífico, le da cien vueltas al cinta de 1932, y la supera ampliamente con situaciones extraordinarias, como la invasión de momias que asola Londres en 1892. Además, el variopinto grupo de personajes relacionados con la arqueología, el saqueo, el British Museum, resulta mucho más rico que el de cualquier película sobre momias: damas victorianas de armas tomar, coleccionistas millonarios, aventureros de porte viril, los ayudantes egipcios que profetizan la desgracia... A pesar de mis reticencias iniciales, me encontré con un relato trepidante, oscuro, de trama redonda, y escrito por Curtis Garland en un registro que, como demostraría durante aquella década, era un maestro: el de la historia de terror de ambientación victoriana, en la que siempre acechaba la sombra de Jack el Destripador (así sucede en esta misma novela de momias), las calles se hallaban "charoladas por la lluvia", y la niebla se cernía sobre el Támesis de forma amenazadora.

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Las ficciones de horror fantástico sobre momias, que a fin de cuentas no son más que muertos vivientes envueltos en vendas, emparentados tanto con el vampiro como con el zombi, se diferencian de las que tratan a los otros monstruos citados en que, como condición casi sine qua non, debe existir la maldición. Lo cual nos aporta un enfoque mágico de este arquetipo, relacionado directamente con una civilización muerta y enterrada, junto con una religión olvidada que, como sucede con el paganismo europeo, pervive de algún modo en "la actualidad". No puedo menos que mencionar aquí algunas historias de momias que hemos rescatado, en su mayor parte por mediación del gran Óscar Mariscal, en la revista Ulthar: "Las momias de Burdeos" de Edith Nesbit (nº15), "Una momia azteca" de Charles B. Cory (nº16), "La momia funesta" (nº18), "La cabeza voladora" de A. Hyatt Verrill y "La Momia viene a por USTED" del que esto firma (nº19)... y más que están por venir. Y eso por no citar el volumen Flaxman Low, detective psíquico, que también está relacionado con la diosa Isis y contiene una excelente historia de momias...

 

Debo añadir que La noche de la Momia no fue la primera novela de Juan Gallardo relacionada con el tema, pues en 1960 escribió y publicó El signo de la Momia en el número 43 de la colección SIP de Toray: una historia en que trasladaba nuestro tópico al futuro alternativo donde operaba la Spacial International Police. Sobre esta novela y su relación con otras del Ciclo de Egipto de Juan Gallardo Muñoz, recomiendo la lectura de mi ensayo "Johnny Garland: el futuro que no fue", en dos partes, en Ulthar nº13 y 14.

Pero esto último es ya adentrarse en aguas demasiado profundas y, por ahora, será mejor que dejemos reposar los restos Ekhotep IV en su correspondiente sarcófago, debidamente cerrado y sellado, para evitar que la maldición caiga sobre todos nosotros...

Ulthar nº13. Portada de Sergio Bleda

Ulthar nº14. Portada de Sergio Bleda

 

sábado, 4 de noviembre de 2023

Micro Reseña 118: Drácula 75 (Selección Terror nº90), de Curtis Garland



Recupero aquí la reseña de esta novela de Curtis Garland, que escribí y publiqué el 30 de octubre de 2019, con motivo de la suscripción para publicar el volumen Hammer Horror, nº2 de la colección Horror Victoriano Extra. Como este texto ya no está disponible en línea (por avatares de la Red de Redes), aprovecharé este espacio y mi Cuaderno de Bitácora para recuperarlo, junto con otras reseñas perdidas. Y como imaginarán, Hammer Horror sigue disponible y a la venta. Visiten el enlace.
 
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"Así, amigos míos, no sólo es cierta la fantasía literaria de Stoker, sino que él se ha limitado a recoger leyendas y mitos de los eslavos amedrentados por la superstición que en estas tierras provocó la existencia real de uno de esos siniestros muertos-sin-descanso... La realidad, me temo, es mucho peor aún. Y puede llegar a amenazar, alguna vez, a todo el género humano".

Curtis Garland


Drácula 75 vio la luz en el número 90 de Selección Terror (noviembre de 1974), y es un muy buen ejemplo de por qué hemos decidido bautizar este volumen con el cinematográfico título de Hammer Horror: no hay duda de que Curtis Garland había tenido ocasión de ver en la gran pantalla Dracula AD 1972 (en España, Drácula 73, por la fecha de estreno), una producción de la Hammer Films dirigida por Alan Gibson, y protagonizada por Christopher Lee y Peter Cushing, en la que el Conde Drácula resucitaba en tiempos de hippies, discotecas, drogas y psicodelia estética... pero más allá del título, las comparaciones entre la película y la novela de Juan Gallardo Muñoz terminan ahí.
 

 
Una teoría muy extendida asegura que el vampiro Drácula, creado por Bram Stoker en la novela homónima de 1897, estaba basado en una caudillo valaco medieval llamado Vlad Dracula, conocido como "Vlad el Empalador"... y Curtis aprovechó esta información para reelaborar la leyenda, revisar la obra de Stoker y, por supuesto, traerla hasta el Londres de la década de 1970
 
"entre el denso tráfico de los automóviles, la contaminación, las discotecas ruidosas, los chillones trajes a la moda de Carnaby Street, y los hippies o los progresistas, deambulando por toda la ciudad, entre escaparates repletos de equipos de hi-fi o estéreo, discos de brillantes portadas, magnetófonos y cintas, televisores en color, videocassettes y todo cuanto forma parte de nuestro mundo actual y sus extraños y frívolos caprichos consumistas"...

Por supuesto, Curtis Garland ya había tocado el tema del vampirismo en dos novelas anteriores de ST (Mujeres vampiro, 1973 y Los dientes del murciélago, 1974), e incluso había demostrado que conocía de primera mano la novela de Stoker en sendas novelas de ciencia ficción de la colección La Conquista del Espacio de Bruguera (Vampiro 2000, 1971, y Vampyr, 1973) y también en un weird western (Drácula West, 1972). Pero en Drácula 75 fue donde se aproximó por primera vez (luego vendrían otras ocasiones, algunas de ellas especialmente gloriosas) a la figura del monstruo clásico de Stoker, tal y como lo conocemos hoy.

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Portada de Hammer Horror de Curtis Garland, realizada por Sergio Bleda.
 

1 de noviembre de 2023

Pasaron varios años desde que conocí la existencia de Drácula 75 hasta que, por fin, pude leerla. Según mis notas personales, eso debió suceder en algún momento entre 2016 y 2017, y no lo hice con el ejemplar original de Bruguera, sino en una impresión en papel, en A-4, realizada a partir de un archivo más o menos pirata de la obra. (Aún falta ese ejemplar en mi colección particular). Tengo recuerdos contradictorios respecto a mis impresiones tras la primera lectura de esta historia, y creo que la revisité varias veces hasta que, en 2018, hice una última lectura para corregir el texto y encajarla en el proyecto de Hammer Horror, uno de los volúmenes de Curtis Garland que me ha producido mayores satisfacciones.

Tengo el recuerdo del relato del viaje de un inglés por Transilvania, referencias al gobierno comunista de Rumanía, el descubrimiento de algunas viejas tumbas de los Drácula. Y una mujer. Y luego, un tour de force de regreso a Londres, diversos diarios, cartas, noticias de la prensa, crímenes, sangre... todos los recursos de la novela de Stoker utilizados para relatar que el creador del Conde Drácula se equivocaba... pero tenía toda la razón. Como es habitual en Curtis Garland, la historia, además, es un whodonnit.

Juan Gallardo era capaz de brillar como pocos en tan sólo veinte, veinticinco mil palabras. No me extraña que, después de mi experiencia con Hammer Horror, me pusiera por fin manos a la obra con Vampiros de Curtis Garland. Pero esa es otra historia, otro caso resuelto.

Portada de Vampiros de Curtis Garland, por Sergio Bleda.